Los cólicos fuertes habían finalizado, pero tenía los cuidados y emociones a flor de piel y con la ansiedad de que llegara mi cambio de dependencia. Transcurrió febrero, marzo y en abril llegaron las vacaciones, decidí viajar a la ciudad natal de mi padre, Puebla. En el 2002 estuve estudiando ahí por seis meses así que tengo familiares y amigos entrañables, quería escapar un poco de mi realidad, me desconecte de celulares e Internet. Había trabajado mucho y sentí que merecía ese cambio, por lo que disfrute mucho de la sierra, disfrutando del paisaje, el frillito, a mis familiares y amigos.
Aunque las vacaciones oficiales eran de dos semanas, sólo puede estar una semana en Puebla, ya que me habían programado una cita en el seguro para ver los resultados de laboratorio. Cabe señalar que el día que me dieron de alta, la doctora dijo que habían enviado material para análisis en el laboratorio, para corroborar si los quistes eran benignos y prácticamente por eso no deje de faltar a la cita.
Cuando llegue, previa espera en la sala, me doy cuenta de que la Dra. Titular estaba de vacaciones y que en su lugar había una pasante, quién estuvo en la cirugía por lo tanto mi caso no le era desconocido. Bueno hizo su rutina de revisión, me pregunto como estaba, etc. Entonces le pregunte que si ya tenía los resultados de laboratorio, me dijo que no, busco aquí, allá y más allá., los dichosos estudios NUNCA se realizaron porque jamás hubo una orden para dicha acción. Y me afirma, que nunca hubo ese procedimiento.
Obviamente, salí muy enojada, primero porque me cuartaron mis vacaciones, después porque me hicieron perder tiempo y en tercero me quede con la incertidumbre de los resultados, saber si estaba bien, si podría volver a tener quistes, si debía que tener un cuidado en especial, etc.
En ese mismo año, en el mes de junio enfermé de dengue, aún estaba con pocas energías por lo sucedido cinco meses antes y mi estado emocional, me afecto más de lo que imagine. Mis compañeros de trabajo me decían que dejara algo para los demás, que me hiciera una limpia.
Era los días de septiembre y la cicatriz aún no me permitía hacer mucho esfuerzo, me dolía al estornudar o cargar cosas, planchar e incluso para reír a carcajadas.
Mientras tanto los cólicos se iban incrementando mes a mes, hasta que en octubre volví al área de urgencias, tenía mucho miedo, miedo de volver al quirófano, muchas emociones encontradas. Pasé una noche en urgencias, estuve con medicamento hasta que el dolor cedió pero de ahí no paso.
El año estaba terminando pero con el nacieron propósito y nuevas esperanzas, me sentía triste por la situación laboral, pero finalmente había hecho un balance positivo, ya que aunque tenia mucho trabajo ahora había tenido menos responsabilidad y eso me permitió estar más consiente de mi relación con mis hermanas, papás y amig@s.
A veces las circunstancias adversas nos hacen movernos, dejarnos ir, dejar de pensar y comenzar a sentir, saber que existimos, que hay algo más que trabajar y cumplir con nuestras responsabilidades, dejar la agenda a un lado y dejarse llevar como hoja de otoño.

Los cólicos fuertes habían finalizado, pero tenía los cuidados y emociones a flor de piel y con la ansiedad de que llegara mi cambio de dependencia. Transcurrió febrero, marzo y en abril llegaron las vacaciones, decidí viajar a la ciudad natal de mi padre, Puebla. En el 2002 estuve estudiando ahí por seis meses así que tengo familiares y amigos entrañables, quería escapar un poco de mi realidad, me desconecte de celulares e Internet. Había trabajado mucho y sentí que merecía ese cambio, por lo que disfrute mucho de la sierra, disfrutando del paisaje, el frillito, a mis familiares y amigos.
Aunque las vacaciones oficiales eran de dos semanas, sólo puede estar una semana en Puebla, ya que me habían programado una cita en el seguro para ver los resultados de laboratorio. Cabe señalar que el día que me dieron de alta, la doctora dijo que habían enviado material para análisis en el laboratorio, para corroborar si los quistes eran benignos y prácticamente por eso no deje de faltar a la cita.
Cuando llegue, previa espera en la sala, me doy cuenta de que la Dra. Titular estaba de vacaciones y que en su lugar había una pasante, quién estuvo en la cirugía por lo tanto mi caso no le era desconocido. Bueno hizo su rutina de revisión, me pregunto como estaba, etc. Entonces le pregunte que si ya tenía los resultados de laboratorio, me dijo que no, busco aquí, allá y más allá., los dichosos estudios NUNCA se realizaron porque jamás hubo una orden para dicha acción. Y me afirma, que nunca hubo ese procedimiento.
Obviamente, salí muy enojada, primero porque me cuartaron mis vacaciones, después porque me hicieron perder tiempo y en tercero me quede con la incertidumbre de los resultados, saber si estaba bien, si podría volver a tener quistes, si debía que tener un cuidado en especial, etc.
En ese mismo año, en el mes de junio enfermé de dengue, aún estaba con pocas energías por lo sucedido cinco meses antes y mi estado emocional, me afecto más de lo que imagine. Mis compañeros de trabajo me decían que dejara algo para los demás, que me hiciera una limpia.
Era los días de septiembre y la cicatriz aún no me permitía hacer mucho esfuerzo, me dolía al estornudar o cargar cosas, planchar e incluso para reír a carcajadas.
Mientras tanto los cólicos se iban incrementando mes a mes, hasta que en octubre volví al área de urgencias, tenía mucho miedo, miedo de volver al quirófano, muchas emociones encontradas. Pasé una noche en urgencias, estuve con medicamento hasta que el dolor cedió pero de ahí no paso.
El año estaba terminando pero con el nacieron propósito y nuevas esperanzas, me sentía triste por la situación laboral, pero finalmente había hecho un balance positivo, ya que aunque tenia mucho trabajo ahora había tenido menos responsabilidad y eso me permitió estar más consiente de mi relación con mis hermanas, papás y amig@s.
A veces las circunstancias adversas nos hacen movernos, dejarnos ir, dejar de pensar y comenzar a sentir, saber que existimos, que hay algo más que trabajar y cumplir con nuestras responsabilidades, dejar la agenda a un lado y dejarse llevar como hoja de otoño.