La salida
Lo más incomodo para mi de estar en el hospital en esas condiciones era no poder ir al baño por mi misma, sino que requería de ayuda. Cuando vino el médico hacer su ronda matutina (yo estaba soñando que estaba al lado una persona necia y de voz fuerte) abrí los ojos y mire hacia la otra cama y ahí estaba, era el médico de carne y hueso quién estaba molesto porque yo traía aún el catéter mientras revisaba mi expediente y dijo: “es que perforaron la piamadre y el catéter ayuda a drenar pues el liquido cefalorraquídeo estaba tirándose”, le dije que me dolía mucho la cabeza.
Sin embargo las recomendaciones del anterior médico eran que me levantara para que los intestinos volvieran a su mecanismo normal debido a que la cirugía los mantenía pasivos y antes de ingerir alimentos debía ponerlos a trabajar, la enfermera insistía en que me levantara a caminar y que me bañara pero cada intento era un dolor horrible de cabeza, el dolor comenzaba en el hemisferio derecho y corría del occipital al frontal acompañado de vértigo, incluso después del baño, el vértigo seguía. Yo valientemente con ayuda de mi mamá lo intente poco a poco y lentamente, me marie, no dure parada ni un segundo cuando vomite un liquido entre amarillento y marrón y de sabor desagradable. Entonces acudió la enfermera seguida del doctor y me avisan que efectivamente algo salió mal en la cirugía y que se me estaba tirando el liquido cefalorraquídeo.
Vino un médico pasante a quitarme el catéter y después otro médico diciéndome que tenía que hacerme otra cirugía la llamo “parche hemático”, entonces me preocupe más, y aún no había desayunado absolutamente nada.
Mis amigas y compañeras del trabajo vinieron a visitarme, pero tuvieron que salir muy pronto ya que me cambiaron la sonda de la mano porque en la vena se me había roto un vaso capilar y eso me dolía mucho, como me iba a llevar otra vez al quirófano corría el riesgo de que se tapara la aguja y lastimarme aún más la vena.
Me pusieron otra vez las vendas en las piernas y me llevaron al quirófano, previa firma de consentimiento practicaron el parche hemático, sin anestesia, me recostaron en posición de cubito radial izquierdo y primeramente vino un piquete en la espalda después una enfermera saco de la vena de mi brazo derecho 20 ml de sangre que inmediatamente después me coloco el cirujano en la espalda, donde previamente había picado., imagine que así se sentía un toro de once. Rápidamente me ayudo a sentarme y me pregunto si me dolía, y un efecto, como si hubiera descendido del décimo piso de un edificio, me corrió por toda la espalda y se detuvo en el cóccix, me volvió a acostar y el dolor en verdad que era menor que antes.
Me regresaron a mi cama y me prohibieron dormir con almohada y moverme, eso implicaba un riesgo de invalidez, eso fue lo que dijo el médico, incluso al pasarme de la cama del quirófano a la cama de Ginecología, lo hice con los codos y evitando el menor esfuerzo. Esa noche cuando me visito mi amigo me pregunto con seriedad- Alma que vas hacer después de esta cirugía porque con esto haz visto dos veces a la flaca- (él se estaba refiriendo a la muerte), y me hizo pensar en los hechos, que todo fue muy rápido en ese momento me solté llorando. Me dolía haber descuido mi salud y mi familia por el trabajo, él tenía razón. Mi mamá y yo hemos sido muy apegadas y esa noche hablamos de la importancia de nuestra unión como familia y fue triste entenderlo en estas condiciones.
Esa noche por fin pude ingerir alimentos, termine de cenar y me empezaba a incomodar por las indicaciones médicas, comencé a impacientarme, la pase muy mal, me inyectaron calmantes para el dolor, incluida la metroclopramida, la cual tuvo una reacción muy rara en mí, ya que comencé a mover mis extremidades bruscamente, eran movimientos involuntarios que yo no podía controlar. Le decía a mi mamá que no sabia que era, sentía calor pero también mucho frió y una necesidad de correr y con la impotencia de no poder hacerlo. Le decía a mi mamá que no me tomara del brazo porque sentía que por los mismos movimientos involuntarios le iba a dar un golpe. La enfermera en turno no sabía que hacer y mi mamá le dijo que llamara a la doctora, en tanto me colocó oxigeno porque sentía que no podía respirar como normalmente se hace, me faltaba el aire y el dolor se agolpaba en mi pecho. Desde entonces sé que soy alérgica a esa sustancia. Esa noche pese al ruido de un radio que escuchaba muy cerca, a la temblorina que dije antes y a la luz encendida, ya me estaba acostumbrando a la sala fría pero la cama calurosa y así pude dormir.
Al amanecer pedía a gritos que viniera el medico y vino un ginecólogo pero no el anestesiólogo, la verdad es que ya estaba entumida y quería cambiar de posición, mi mamá se fue a descansar y mi amigo se quedo a cuidarme. Llegaron otras compañeras de trabajo y también estuvieron ayudándome. Por fin llego el anestesiólogo, se disculpo por la tardanza y reconoció que tuvo un error en la punción lumbar (más conocida como raquea) me dijo de las consecuencias que esto provoca, me dio instrucciones para levantarme pero antes me advirtió que los errores de la raquea se dan en un 20% y entonces procede el parche hemático pero que había 5% de posibilidades de regresar al quirófano. Primeramente me senté en la cama y después me pare, camine 5 pasos lentamente dentro de la habitación y regrese, no sentí dolor aunque me daba una sensación de desequilibrio, pero nada comparado con el dolor de cabeza del día anterior y puedo asegurar que me dolía más eso que la cirugía en si.
El anestesiólogo decidió darme de alta pero me dijo que tenía que esperar a que la ginecóloga hiciera lo mismo. Más tarde llegó y le pregunte como había sido la cirugía me dijo que cribaron el quiste, que tenia algo parecido a un racimo de uvas, que aunque la cirugía planeada era una Laparoscopia, el dolor era en el ovario izquierdo, cuando abrieron, estaba un quiste roto había sangre coagulada rodeando los otros quistes y viendo como estaba, aprovecharon para ver el ovario derecho y este también tenia ramilletes de quistes. Por eso la incisión fue más grande. Aclaró que aún conservaba mis dos ovarios y agregó que no me esperara a encargar hijos, que esa sería una solución ya que con el embarazo se reducen los sangrados e implícitamente los dolores mensuales. Dijo que era muy joven para tener esos problemas y llegar a estas consecuencias y que todas las mujeres tienen quistes pero, que a unas nos duelen y a otras no. Dijo que habían retirado líquido para llevarlo al área de patología y descartar quistes malignos. Y se fue. Me dio 21 días de incapacidad. Cuando recordé que tenía que llevar justificante por esos días, tuve que esperar a que regresara porque ella era la que esta autoriza para firmar la incapacidad. Fue alrededor de las ocho de la noche que pude salir caminando encorvada y lentamente. Una de mis amigas se ofreció para llevarme en su auto a mi casa. Para dormir cómoda en casa, me compré una almohada ortopédica. Esa primera noche con la cirugía fue en realidad muy extraña, anhelaba la cama del hospital, como que uno se acostumbre al ruido y que lo despierten para los medicamentos cada cierta hora. A partir de ese día y por una semana solicitaba ayuda para levantarme, mi mamá me ayuda a bañarme y vestirme. Me di cuenta que para reír se requiere el estomago y otra partes del cuerpo pero sobre todo descubrí que me gusta reír, estar con mi familia y amigos. Lo difícil hasta aquí es darme cuenta que aunque me gusta mi independencia, hay cosas que uno no puede hacer solo y que no es bueno estarlo. Que nunca se es lo suficientemente grande para ser autosuficiente, que si llegamos a esta vida solos y nos vamos a ir solos no es precisamente así como debemos vivir nuestra vida.
Desiderata post operatoria
Me doy cuenta que el amor es incondicional
Que nada es para siempre
Que nadie es indispensable
Que el paso del tiempo es nuestro aliado en los malos ratos
Que los sueños se cumplen cuando más los anhelamos
Que hay que tener cuidado con lo que deseamos
Que un abrazo siempre es bienvenido
Y que un te quiero siempre es oportuno
Que los verdaderos amigos están en las malas y en las peores
He disfrutado de la compañía de mi madre, que por el trabajo, hace mucho no hacía
Me di cuenta de todo el trabajo que hago, y yo pensaba que era insignificante
Que el mayor de los éxitos diarios es vivir para contar la vida
Que todas las partes de mi cuerpo son necesarias y tienen su función precisa
Que yo como ellos tengo una misión en esta vida
Me doy cuenta de mis miedos, de cómo una cirugía me hizo depender de otros
Me doy cuenta de que no le temo a la muerte, sino a la vida
Miedo a que la vida no me sea lo suficientemente generosa para yo pueda cumplir mis sueños.
11 de Julio, 2008 - 21:32
Amiga mía, no tengo palabras para expresar las sensaciones que me causa conocer los alcances de está enfermedad (Endometriosis). Generalmente la mujer tiene muchos problemas, relacionados con su ciclo, y pocas veces hacen caso de si mismas, por la misma fortaleza que la misma naturaleza les ha dado, de solo pensar en lo narrado se me enchina la piel de todo el cuerpo. Me alegra que con tu fortaleza y valentía estallara la necesidad de dar a conocer tu caso, y dar una luz a muchas mujeres, que por una u otra situación desconocen que exista este mal.
Yo te felicito y estoy orgulloso de ser tu amigo, quisiera de alguna manera poder decirte que marcho a tu lado, que vivas feliz ya que cuentas con muchos amigos que te vemos grande, fuerte y eres un ejemplo de emociones y acciones.