Miedos cristalizados
Iniciando un nuevo año con muchas ilusiones y planes, pero aún con miedo porque el dolor era más intenso mes a mes. Mi mayor miedo era volver al quirófano, perder un ovario y la imposibilidad de ser madre.
Creo que el miedo es un arma de doble filo, un aliado o un enemigo, puedes perder el control y suponer situaciones que no están ahí y porque te hace estar alerta, pensar que algo no este bien igualmente te domina y entonces los miedos se hacen realidad.
Aunque los dolores menstruales iban en ascenso, no volví al ginecólogo, pero si a las rutinas que ya sabia, tomar tes, automedicarme paracetamol, dormir ante el dolor, etc.
Un día normal de trabajo, me desperté con dolor de la cintura y corría hacía la rodilla, no podía caminar, comencé a sudar frío, después vomite, me di un baño, busque mis papeles del seguro, agarre mis llaves, celular y el dinero suficiente para llegar a urgencias.
Por las prisas, sólo alcancé a avisar a mi mejor amigo pidiéndole que notifique en mi trabajo y a mis papás. Siempre fui muy exacta con mis periodos menstruales y también lo fue con las cirugías. Al llegar a urgencias me atendieron casi de inmediato, el dolor era evidente, no podía sentarme y estaba parada con la cabeza hacia piso y mi peso descansando sobre el pie derecho, el médico que me atendió me preguntó que si sospechaba de embarazo le dije que no, entonces dijo que traía un quiste torcido de ovario, me pasaron a una camilla, la trabajadora social se llevo mis pertenencias y me pregunto que si venia alguien conmigo, le dije que iba sola, entonces me dijo que llamaría a un familiar. Parece que nunca hizo la llamada, lo sé, porque mi amigo me estuvo buscando en los hospitales, en la cruz roja y le dijeron que ya me había ido a mi casa. Y mis papás supieron de mi estado una vez que mi amigo me encontró saliendo de la sala de recuperación.
Pues bien ese mismo día, previo consentimiento, preparativos, análisis y más miedo que nunca, en la soledad de la sala fría resé, hice un examen de consciencia comencé con la relación actual con mis padres, mis hermanas, todo estaba bien. Seguí con el trabajo, no había dejado pendientes, con mis amigos y compañeras de trabajo las cosas estaban bien, hasta ahí me dije a mi misma que me podría ir tranquila. Pero pensé si me quedara vida después de la cirugía, que me faltaría hacer, entonces una sensación de anhelo me entro cuando pensé en mis sueños pendientes, en mi viaje a Francia, en mi maestría, en mi maternidad.
Estando ahí en las fauces del lobo había dos posibilidad dormir por siempre, porque es de humanos equivocarse o despertar para cumplir mis sueños. Fue en este momento en el que no me equivocaba de perseguir mis sueños y haber dejado de lado las cosas materiales, por ejemplo, comprar mi casa y el auto eran mis últimas prioridades. De nada me serviría tener una casa y carro pero infeliz por no lograr lo que realmente quería, peor aún enferma y con deudas interminables.
Me hacia feliz pensar en el viaje por lo tanto ahorraba todo lo que podía, me veía muchas veces en ese lugar e iría aunque fuera lo último que hiciera en mi vida. Pero aterrizando en el hecho de estar ahí, saber que la anestesia cumpliría su cometido, de las cosas que me pesaba perder, era ver crecer a mi sobrino por lo demás me sentía bien, pero me jure a mi misma vivir el aquí y el ahora cumpliendo mis metas.
Lloré, si, lloré tratando de asimilar, ahora sabía lo que sucedería, sabía lo que significaba la rehabilitación, sabia de las cicatrices y sabia de mis limitaciones, no quería sentir más lastima de los demás, quería ser una mujer “normal”. Había escuchado de muchas mujeres que tienes quistes pero a ninguna la habían operado dos veces.