La tregua
En este proceso ha sido muy importante la red social: mis padres, hermanas, amigos, compañeros de trabajo, en ese momento no tenia pareja.
El dolor cedió por unos meses, sin tratamiento y sin más análisis, la enfermedad me dio una tregua para reflexionar sobre el tiempo transcurrido. Fue como si hubiera entrado al mar y una ola me hubiera revolcado, me arrastró hacia la playa, abrí mis ojos y ya estaba en otro lugar.
Ver las cosas desde esta nueva perspectiva, me permitía valorar todo lo que tenía y lo que podía lograr, me sentía afortunada de haber regresado de la experiencia. Tuve suerte de tener seguro médico, de que los medicamentos y consultas fueron “gratis”, tenía mi trabajo, mejor aún, mis familiares y amigos, tener los medios para contar la experiencia. Desde esta mirada podía explicar la experiencia y darla a conocer, desmentir que los cólicos son normales, era como si el ego estuviera subordinado al altruismo.
En México el servicio médico ha mejorado un poco, sin embargo no todos los ciudadanos tienen acceso a él y esa inequidad afecta al país en muchos sentidos.
Ayudar a otras mujeres, dar a conocer la enfermedad era prioritario, sentía la responsabilidad de compartir la experiencia y sumarme al esfuerzo de otras instituciones donde a partir de mis estudios profesionales y experiencia, apoyar en casos similares.
También fue un tiempo para replantearme el matrimonio, el proyecto de vida, mis valores, las cuestiones culturales, éticas y morales.
Durante esa canalización de energía, encontré grupos específicos de apoyo, me integré a ellos electrónicamente y se abrieron mis ojos, me di cuenta que había más mujeres pasando este trago amargo, fue reconfortante y no por el dolor ajeno sino porque se me quito el sentimiento de bicho raro. Eso me dio fortaleza, porque aunque yo expongo mis sentimientos, al conocer otros casos, me reconocía como en un espejo pero pudo haber sido peor.
Como yo había muchas mujeres, una de ellas dijo en una ocasión que a su ginecólogo, solo le faltaba tener “ENDO”, eso fue muy interesante, porque uno se da cuenta que aprendes a vivir con ello, la enfermedad y los médicos son parte de tu vida.
También me di la oportunidad de conocer a otras personas, recibí algunas propuestas para comenzar una relación, pero aún no me sentía afianzada.
Actualmente estoy desafiando al destino sin tratamiento, sigo en contacto con otras mujeres que tienen la enfermedad y motivo a otras para que asistan al ginecólogo regularmente, para que no tengan miedo. He repartido información impresa, acerca de la enfermedad, en plazas y mercados.